sueño en las personas mayores

16 Ene El sueño en las personas mayores por el Dr. Albares

El sueño es uno de los pilares fundamentales de la salud, ya que influye directamente en la energía diaria, el bienestar emocional y la función cognitiva. Con el envejecimiento, su estructura, regulación y función experimentan cambios significativos, lo que hace que el descanso adquiera una relevancia aún mayor. Aproximadamente la mitad de los adultos mayores refiere síntomas de insomnio; sin embargo, la mejora de estas quejas suele coincidir con un mejor estado de salud general. Esto indica que, en muchos casos, los trastornos relacionados con el sueño en las personas mayores están más vinculados a condiciones de salud generales que a los cambios propios de la edad.

Cuando se excluyen las comorbilidades, los adultos mayores sanos presentan patrones de descanso comparables, en cuanto a cantidad, a los de los jóvenes que suelen ser entorno a las siete horas de sueño nocturno. Aun en ausencia de enfermedad, el envejecimiento introduce modificaciones cualitativas en la arquitectura del sueño.

Cambios fisiológicos del sueño

  • Aumenta la latencia para conciliar el sueño
  • Los despertares nocturnos y la fragmentación nocturna es mayor.
  • Disminuye el tiempo total de sueño y la eficiencia
  • Se reduce el sueño profundo de ondas lentas y el sueño REM

Todos estos cambios se deben a una degeneración del núcleo supraquiasmático del hipotálamo, con disminución de la producción de melatonina y menor amplitud de los ritmos circadianos

Ritmos circadianos/cronobiología

El envejecimiento produce un adelanto de fase : los mayores tienden a dormirse y despertarse antes. Esto se debe a una menor exposición solar y a la reducción de la respuesta a la luz.
Del mismo modo, la temperatura corporal, el patrón y el momento de la secreción de melatonina y cortisol tienden a adelantarse con el envejecimiento. Estos cambios circadianos asociados a la edad pueden contribuir a la alteración del sueño y a la aparición de siestas diurnas.

Implicaciones clínicas de un mal sueño

Un sueño insuficiente o de mala calidad en las personas mayores se asocia con deterioro cognitivo, demencia, peor funcionamiento físico y menor calidad de vida.
Las alteraciones del sueño también se han relacionado con problemas de equilibrio, deambulación y visión, factores que aumentan la probabilidad de caídas y fracturas y, en consecuencia, la necesidad de ingreso en residencias o centros sociosanitarios.
La falta de sueño altera el metabolismo y la regulación endocrina, debilita la función inmunitaria y retrasa la recuperación frente al estrés, lo que se traduce en mayor vulnerabilidad frente a enfermedades. A medio y largo plazo se incrementa el riesgo de obesidad, diabetes mellitus tipo II, hipertensión arterial y patología cardiovascular. Diversos estudios han demostrado, además, que la reducción del tiempo total de descanso se correlacionan con tasas más altas de morbilidad y mortalidad en la población geriátrica.
Entre los trastornos del sueño más frecuentes se encuentran el insomnio crónico, la apnea obstructiva del sueño , el síndrome de piernas inquietas, trastornos del ritmo circadiano y trastorno de conducta en sueño REM.

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Factores que agravan los problemas de sueño en las personas mayores

En el sueño en las personas mayores influyen múltiples factores, como la presencia de comorbilidades médicas (EPOC, dolor crónico, insuficiencia cardíaca o RGE), la polifarmacia, la menor exposición a la luz solar y la reducción de la actividad física. También afectan las siestas prolongadas y los hábitos de descanso irregulares. Además, el entorno del sueño juega un papel fundamental: mantener una habitación oscura, silenciosa y confortable contribuye a mejorar la calidad del descanso.

Recomendaciones para el sueño de las personas mayores

Cuidar el sueño en las personas mayores es fundamental para mantener una buena calidad de vida y preservar la salud física y mental. A medida que avanza la edad, es habitual que aparezcan cambios en los hábitos de descanso, dificultades para conciliar el sueño o despertares frecuentes durante la noche. Aplicar recomendaciones adecuadas puede marcar una gran diferencia, ayudando a mejorar el descanso nocturno y favoreciendo un bienestar general más duradero.

  • Mantener horarios regulares: marcar una hora fija de levantarse y intentar no retrasar el momento de levantarse para “recuperar” horas de descanso. Un horario matutino fijo nos ayuda a mantener el sistema circadiano sincronizado y ayuda a prevenir el insomnio. De hecho, es preferible acostarse únicamente cuando se sienta sueño realmente; ir a la cama demasiado pronto y sin sueño no se aconseja.
  • Evitar pantallas y estimulantes antes de acostarse: recordemos que la luz de los dispositivos puede suprimir la producción de la melatonina, que ya de base es baja en pacientes ancianos.
  • Realizar rutinas de relajación nocturna: estas técnicas ayudan a disminuir las preocupaciones mentales y la activación corporal que dificultan la conciliación del sueño
  • Limitar las siestas a menos de 30 minutos.
  • Promover la exposición a la luz natural: la luz constituye el estímulo más potente para sincronizar el reloj interno . La exposición al sol durante la mañana favorece el estado de alerta y previene la somnolencia diurna. Si la persona mayor permanece en cama, conviene acercarla a la luz natural o abrir las ventanas para permitir que la claridad regule el ritmo sueño-vigilia. En pacientes con deterioro cognitivo, la fototerapia o la exposición controlada al sol mejora la calidad del sueño y reduce los síntomas depresivos. Además, la luz solar directa activa la vitamina D, esencial para la absorción de calcio y la prevención de la osteoporosis.
  • Promover la actividad física: a nivel general, el ejercicio físico regular facilita que el sueño se inicie antes y alcance mayor profundidad. También el sueño profundo resulta más reparador y dificulta los despertares provocados por ruido, dolor u otros estímulos. En personas mayores, diversos estudios avalan sus beneficios.
  • Mantener una dieta adecuada: se recomienda que transcurran al menos dos horas entre la cena y la hora de acostarse y que la ingesta nocturna sea ligera, ya que una comida copiosa puede interferir con el sueño.
  • Evaluar posibles trastornos del sueño y derivar al especialista cuando sea necesario.

El sueño en las personas mayores no implica necesariamente una menor necesidad de dormir, sino una menor capacidad para hacerlo con calidad. Dormir bien es esencial para la salud física, mental y emocional. Un abordaje integral, basado en la evidencia y en el conocimiento clínico y divulgativo es fundamental para promover un envejecimiento saludable.

Javier Albares, experto en descanso y sueño

Dr. Javier Albares


Fundador y director de Medicina del Sueño Doctor Albares, Centro Médico Teknon.

Especialista europeo en Medicina del Sueño (titulado por European Sleep Reseach Society en el año 2014) y miembro de la Sociedad Española del Sueño (SES) y de la Sociedad Europea del Sueño.

Colegiado por el colegio de Médicos de Barcelona y especialista en Neurofisiología Clínica.

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